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viernes, 8 de junio de 2018

Obituario Pere Tusell



"I see skies of blue and clouds of white
The bright blessed day, the dark sacred night
And I think to myself what a wonderful world."

Todos sentados en silencio escuchábamos la voz de Louis Amstrong que con esa sencilla y plácida melodía expresa que lo cercano y más accesible es lo que hace a este mundo maravilloso.

Eran unos minutos de recogimiento, de pensar en el Pere, de recorrer alguna imagen del pasado con él, de pensar en quien y porque habían elegido esta canción de despedida. Su ataúd, con flores y su casco de bombero estaba allí, de protagonista en la gran iglesia de Taradell, cercana a Vic, que hoy se quedaba pequeña, muy pequeña.

Todos de pié al unísono, en el momento en que dos personas se acercaron a retirar su féretro. Conociendo al Pere, aun es capaz de hacernos alguna trastada. Pensé. Su cuerpo salía por una puerta lateral de la iglesia, pero él salía a cachitos en la cabeza de cada uno de nosotros por la puerta principal.

Saliendo de la Iglesia, tenía a mi lado a Jordi Pujol, muy avejentado, me costó reconocerlo, le saludé y le expresé mis condolencias, porque alguien me comentó que era el padrino del Pere.

Éramos de los últimos en salir y el exterior de la iglesia estaba repleto de gente. Busqué a Anna la mujer del Pere, y cuando tuve oportunidad le di un fuerte abrazo, ¿qué más puedes hacer, sino abrazarla con una mezcla de cariño y fuerza, para que una simple palabra: “ánimo” duré un poco más que lo que dura en el aire?

Poco después abracé a su hijo pequeño, unos 19, se acordaba de mi nombre:  - Fredi ¿no? Me dijo. Mientras yo recordaba como hacía 10 años Pere jugaba en la piscina de un hotel de Mallorca con mis hijos y los suyos, cautivándolos con todo tipo de barbaridades. Era el primer campeonato de España master de la clase Laser en el club del Arenal. Le dije que tenían un padre excepcional, y que cuidaran a su madre. ¿Acaso otra frase era posible?.

Volvimos a Barcelona. No estábamos todos los que les hubiera gustado poder venir del grupo de vela, pero éramos un buen puñado, más de veinte. Y estábamos allí no solo para acompañar a la familia, también y sobre todo para acompañar a Cesar, su amigo del alma y nuestro compañero en el wonderful world del BISC en el Forum. Pere y Cesar eran y son indivisibles.

Apenas un año antes del día de hoy. Uno de esos viernes que salimos a llenar con velas el mar del Forum, apareció el Pere, sin ánimo de navegar. Nos invitó a todos a tomar unas birras, mientras nos explicaba que para él, nosotros, el grupo de Laser master, éramos muy importantes. Que éramos como una segunda familia, y por eso quería contarnos que le habían detectado un Cáncer complicado con metástasis, y que iba a estar un tiempo sin navegar, pero que volvería porque se lo iba a poner muy difícil a la enfermedad.

El “cabrón” del Pere aún tuvo los collons de venir unas cuantas veces entre quimioterapias a navegar. Era una bestia!.  Nos dio esperanzas a todos de que volvería en plenas condiciones… desgraciadamente todo se complicó y los últimos meses fueron realmente duros. Y a todos nos queda la sensación de que podíamos haber hecho más.

Antes de que sonara la canción a wonderful world, y una vez acabado el acto litúrgico, Cesar tuvo la entereza de leer un pequeño discurso:
“Era un granuja sin maldad”, “nos hicimos amigos en la escuela porque éramos los dos alumnos que coleccionábamos más consonantes de la clase:  TDA, TDAH, TEL…” Cesar pintó, con palabras en nuestros corazones, su amistad con Pere. Y arrancó con ellas nuestras lágrimas.

Pere llenaba; nos deja un gran vacío y echaremos de menos su ratafía. 

miércoles, 23 de mayo de 2018

El poder de los viejos!!!



En estos días se está regateando en el Balis, club situado en el centro del Maresme, el campeonato del mundo de Finn para los master (mayores de 30 años): casi 400 participantes de todas partes del mundo. El pasado año estuve en Split, (Croacia) en el campeonato del mundo de Laser master (mayores de 35 años) 350 participantes. En ambas regatas las inscripciones tienen un límite de participación porque sino llegarían fácilmente a los 500.

La flota de vela ligera con más actividad en España a nivel de entrenos, salidas al agua y participación en regatas está en el Forum de Barcelona, y sí, son los Laser master (mayores de 35 años), y además tengo el privilegio de formar parte de ella.

Este fenómeno se da en la mayoría de los deportes y la vela no es ajeno. Somos la primera generación de viejos que practicábamos deporte a nivel popular cuando éramos jóvenes... y ahora queremos seguir haciéndolo, y lo sabemos hacer mejor, de otra manera.

Somos un estamento del deporte que prácticamente no reclamamos ni consumimos recursos ni a los clubes, ni a las federaciones. Somos auto-suficientes económicamente, en planificación y en medios. Ponemos experiencia, tesón, horas, material, entreno, tiempo y sobre todo pasión, más que nunca.

Los objetivos cuentan! claro que sí! queremos seguir siendo mejores! pero hemos descubierto que es ahora, sí, ahora, cuando hemos conseguido entender la importancia de conjugar la parte deportiva, la organizativa, la social, la comunicativa, la solidaria, dando más importancia que nunca a la belleza que nos regala nuestro deporte.
Navegar es un Cunninghan que quita las arrugas de la piel y embolsa la vela del alma.

De repente, tras muchos años, sientes que ese ideal de "la pandilla juvenil", que a veces nunca ha existido, ahora de viejo, es una realidad palpable!

¡Caza vela, que flamea!

jueves, 3 de agosto de 2017

Mi Olimpiada. Excellence is no accident


Artículo escrito por mi unas semanas después de los juegos Olímpicos, a petición de Carlos Pich para la revista Navegar, describiendo lo que acabó hace justo hoy 25 años.

Todo había acabado, y el silencio sonaba fuerte, muy fuerte. Mientras navegábamos hacia el puerto ya no recuerdo que pensamientos circulaban por mi cabeza, sólo puedo recordar ese atronador silencio y una sensación de soledad compartida.
¡Lo habíamos hecho tan mal!. Creo que cada uno asumía la derrota para si, yo al menos asi lo sentía. Mientras tanto seguíamos acercándonos hacía la grúa. Ya no tendríamos que subir más el barco. Veíamos gente, mucha gente en el muelle rodeando la grúa, pero yo no me atrevía a mirar. Acodados ya al pantalán sólo la infanta Cristina y el sobrino de Fernando se acercaron. Cristina dijo algo intentando animar, y el chiquillo jugueteaba ajeno a todo, pero apenas se oían murmullos. Todo era silencio. Yo intentaba sonreir.
Y de repente rompiendo crudamente aquella mudez, empezaron a sonar palmas, que en pocos segundos ya eran aplausos. Aún ahora puedo sentirlos, largos, rotundos, profundos e íntimos. Nos giramos y pudimos ver las caras de esos aplausos: familiares, amigos, compañeros. Habían venido a animarnos y a vernos ganar y no les habíamos dado tan siquiera una posibilidad de soñar nuestra medalla. Mis ojos estaban empañados y mi cara lucía una sonrisa de circunstancias, pero envuelto en escalofríos sentía algo profundo que compensaba todos los esfuerzos.
    Todo había empezado mucho antes. Medio año después de Seúl comenzamos a navegar sobre esta tonelada blanca. Fuimos la única clase que partíamos de la nada absoluta, y el secreto para llegar a estar entre los mejores: un gran patrón, un avezado entrenador y ... navegar, navegar, navegar.
    Y los juegos se nos echaron encima, porque aunque estes durante años esperándolos, cuando llegan, llegan de repente.
    El día 9 tuvimos una reunión en el pto olímpico. Faltaban algunos que todavía navegaban. Se habló del funcionamiento de los juegos en la parte que nos correspondía. Todo parecía estar muy bien organizado, pero después nos dimos cuenta que todo se iba resolviendo sobre la marcha, como siempre.
    El  domingo día 12 habíamos quedado emplazados para desayunar en el Real CLub naútico de Barcelona. Allí estabamos todos estrenando uniforme olímpico, Kelme había sustituído esta vez a Burberrys. Tras un desayuno jovial y alegre nos dirigimos hacia la villa olímpica. Nos hicieron la identificación y fuimos hacia los apartamentos. Esta vez no fuimos Quijotes. Estábamos en los mejores pisos de toda la villa, en la manzana central y con vistas al mar. Los pisos disponían de lo indispensable, buenas camas, mesillas, armarios empotrados en cada habitación, una sencilla mesa, una lámpara de pie y media docena de endebles sillas. Disponíamos también de posters con motivos de Barcelona para evitar que las paredes produjeran eco a la vista. El único lujo: una televisión. Por pedir, no hubiera estado mal un sofá. No había aire acondicionado pero tampoco fue necesario.
    En cada apartamento había 5 o 6 personas y en general las tripulaciones y entrenadores estábamos un poco mezclados. El principe, Manrique, Carlos Martínez, Miguel y yo compartíamos un apartamento del 6º piso de la isla (manzana) 10. La villa estaba todavía desierta, sólo los participante de vela y algún que otro deporte, habían entrado. A partir de ahí iríamos viendo crecer sus habitantes poco a poco. Ahora la villa parecía una villa de voluntarios, estaban por todas partes.
    El puerto olímpico estaba explendido y las banderas, más de medio centenar correspondientes a los paises participantes en la competición de vela, daban una alegría contagiosa al espigón.
    Faltaban 2 semanas para el día de la inaguración. ¡ya estabamos instalados!. Hasta el comienzo de la competición los días se hacían parecidos. Teníamos que probar velas y más velas. Despues de haber navegado toda la temporada con un tipo de velas que prácticamente sólo nosotros utilizábamos, Fernando prefirió usar, tras muchas arriadas e izadas de velas, la mayor "Curtis" que empujaba la gran mayoría de Soling participantes, y un foque V1 turbo que sólo utilizaba el americano y el brasileño. North sails fué un buen padrino.
    El viento no seguía ninguna pauta, aunque predominaban los vientos flojos, desde el levate hasta el garbí. Sólo hubo un día de viento fuerte, garbí de 20 nudos, el primer día de la match race; si Eolo quería jodernos ese día...¡Lo consiguió!.
    Mientras tanto, entre horas de navegación y aprovechando los días de viento nulo, nos obcecamos con sacarle peso al barco, ¿ Psicológico tal vez ?, puede ser pero cada cual tenía su ofuscación: Luis retocando la forma de una orza para que se comportara de forma asimétrica en las ceñidas, Van Der intentando debilitar las cuadernas de la cubierta, Fernando Rita calibrando palos, cada uno con sus neuras. Tener la cabeza y las manos ocupadas siempre es bueno.
    Nuestro cuartel en el puerto era el más lejano según entrabas. Lo único decente del rincón asignado era la moqueta azul oscuro que cubría el suelo, el resto..., bueno es que no había más. Cada clase funcionaba con sus propias herramientas y todo se iba solucionando por el espíritu improvisador que nos caracteriza.
    Mientras tanto la vida en la villa era cómoda, No madrugábamos demasiado y hacíamos un desayuno más bien fuerte sobre las 9.30. A las 10.30 ya estábamos en el puerto. Volvíamos sobre las 6, dependiendo del día, y normalmente nos dirigíamos hacia los comedores donde el apetito, que no había saciado el pic-nic del puerto, se convertía en glotonería. Ver tanta comida junta era una provocación a la gula, al menos los primeros días.
    Los comedores llevados por un agradable personal francés, eran gigantescos y cumplieron su objetivo sin pretensiones culinarias de ningún tipo. Sólo en una ocasión se colapsó tras la ceremonia de inaguración. Nunca había que hacer cola. En los comedores compartíamos mesa con los compañeros del equipo de vela, pero de vez en cuando conocías a otros deportistas españoles ajenos a la vela. También aquí tenías la oportunidad de ver a algún que otro famoso de vez en cuando: Jim Courier sin gorra, Pétrovic casi siempre solitario, y un sin fin de gente de la que hacíamos cábalas sobre el deporte que practicaban y del pais de procedencia. Las tarjetas de identificación no ayudaban demasiado, en ellas sólo la foto se veía claramente, para descubrir el deporte y el país mirando la tarjeta... era mejor preguntar. El uniforme de los deportistas era la mejor identificación de procedencia, en este sentido nuestra vestimente tuvo una gran aceptación entre la gente y a mí personalmente me parecía cómoda y elegante. Gracías a ella fuimos conociendo al resto del equipo español, por lo menos a los que no eran famosos.
    En teoría debíamos dormir en la villa, pero en la práctica cada cual hacía lo que le venía en gana. Lo que se tradujo en gente que estuvo durmiendo en la villa de principio a final, otros que alternaban, y algunos que no llegaron a estrenar la cama. No hubo ningún problema por esta causa.
    Todo iba transcurriendo con normalidad, jugábamos en casa y el entorno era familiar. Ya hacía dos años que navegabamos en el puerto olímpico y el paisaje de Barcelona desde sus aguas no era algo nuevo. El material se repasaba con minuciosidad y ante cualquier duda sobre su fiabilidad se reponía o reforzaba. Esta operación se repetiría habitualmente tras cada regata.
    La fecha de la Inaguración iba acercándose. En los ratos libres ibamos descubriendo la Villa olímpica aprovechando el que no hubiera demasiada gente: Sala de juegos, bolos, escalectric, fonoteca, los jardines, las playas, la pista de atletismo, etc. Yo incluso aproveché las ventajas de ser olímpico para cortarme el pelo en Jongueras o hacerme unas gafas nuevas, todo gratis por supuesto. Todos estos servicios de la villa pronto empezaron a tener colas, sobre todo de deportistas de paises pobres.
    El domingo 19 los Reyes saludaron a todo el equipo olímpico español.
    Durante estos días salíamos de vez en cuando a cenar fuera de la villa, con amigos o familiares, lo que permitía desconectar un poco.
    Vi los fuegos artificiales de la llegada de la antorcha a Barcelona desde el balcón de nuestro apartamento. La Olimpiada empezaba ya. El día de la Inaguración fue descanso total, ni aparecer siquiera por el puerto. paseos por la villa, un baño en la playa, un rato de Gimnasia y alguna vuelta en bicicleta.
A las 7:30 habíamos quedado en el portal, mientrás bajábamos en ascensor, Luis Doreste nos recitaba con nervios el juramento olímpico, allí estábamos todos guapos y elegantes, despues de haber resuelto algunos problemas con las tallas. Casi todos llevaban sus cámaras fotográficas que no tardaron mucho en funcionar. Muchos aprovechaban para sacarse fotos con los famosos del equipo español, y algunos famosos del equipo español aprovechaban también para retratarse con el Príncipe. El Príncipe no llevaba cámara. De ahí, a los autobuses y ya en Montjuic caminando hacia el San Jordi, donde disponían a todas las comitivas por paises según el orden de entrada al estadio, allí estabamos casi todo el equipo olímpico español. Aprovechábamos la larga hora que estuvimos esperando para saludar a deportistas que conocíamos de la Blume, o incluso de la mili. Los futbolistas eran una divertida peña que se encargó de hacer un poco divertida la espera. Salir al estadio: Emocionante e irrepetible. Además pude distinguir y saludar a mis padres entre tanta gente. Envidio después de esta experiencia a los deportistas de estadio que compiten envueltos en calor humano. El encendido del "pebetero" fue también muy emotivo.
    Al día siguiente, Domingo, tuvimos la primera regata de entreno. En la baliza de trasluchada éramos primeros y teníamos una buena velocidad...la prueba nos permitía ser optimistas.
    El lunes, ya primer día de competición, sólo el sol golpeaba las velas, sobre las que muy acertadamente destacaban enormes, las tres letras que identificaban al pais.
    No quiero hacer memoria del día a día, por no equivocarme. Resumiendo: vientos flojos o medios, y Resultados que nos iban manteniendo entre los 6 primeros. La cara: muy buena velocidad y muy buenas maniobras lo que nos permitió siempre recuperar. La cruz: Malas salidas salvo excepciones.
    El día 1 de Agosto, última regata de flota nos lo jugábamos todo: el americano y el danés ya estaban clasificados, y para los restantes 4 puestos (se clasificaban 6 para la Match race) estábamos 5 barcos bastante igualados. Mala salida, role hacia la izquierda, con una sola mano cantábamos los espis en nuestra popa, todo parecía perdido, teníamos que quedar mejor que décimos para clasificarnos, recuperábamos, recuperábamos, en la popa ya estábamos décimos y teníamos al canadiense justo delante. El inglés, el alemán y el sueco iban muy delante. Sólo el canadiense inquietaba. Falló y le pasamos. Marcaje hasta la linea de llegada. ¡Estábamos clasificados! ...habíamos cumplido un objetivo difícil, ya sólo faltaba cumplir el sueño.
    Mientras tanto los exitosos resultados de nuestros compañeros avalaban todas las esperanzas.
    Al día siguiente teníamos descanso y llegaron dos oros: Luis y Manri en FD, y Jose María en Finn.
    Lunes 3. Round Robin. Ya al levantarnos desde el balcón pudimos ver que ese día el Garbí llevaba tilde. Hasta entonces no había sentido ni la presión, ni el nerviosismo. En ese momento me había olvidado de la palabra tranquilidad. La palabra suerte sonó demasiado en boca de todos esa mañana y no era eso lo que necesitábamos.
    No éramos los favoritos, pero ninguno de nuestros contrincantes era imbatible. No habíamos descuidado el entreno de Match race y teníamos un nivel muy aceptable. Quizás el único fallo, fue no haber entrenado alguna match race la semana anterior a la olímpiada. ¿superstición?, tal vez.
    El Inglés fue el primero. Salimos bien y montamos primeros. Toca boya y los arbitros no lo ven. Despistados trasluchamos mal. Nos pasa. Nos acercamos. arriesgamos en una maniobra y la duda se decanta hacia él. Perdemos un match que debía haber sido nuestro, y que fué además un golpe psicológico.
    El Americano. Arriesgamos demasiado en una salida donde yo me sentí culpable al marcar la enfilación. ¡salida prematura!, el resto fue seguirle. Se ponía muy difícil y faltaba concentración y tranquilidad.
    El Danés. Se repitió la historia. y no sabíamos ya donde escondernos. No le dábamos opción a la suerte.
    El Alemán. Creo que ni ganar servía ya. Una penalización dudosa antes de la salida contra nosotros y otra derrota.
    El sueco. penalización a favor nuestra y única victoria.
    Los Juegos habían acabado. Ese mismo día, para borrar nuestra decepción, llegaban al puerto olímpico dos oros más, y una plata. Tuvieron el placer de las enhorabuenas, de los chapuzones y mas tarde de los aplausos merecidos ya con la medalla al cuello. A nosotros nos quedaban aquellos otros aplausos, menos numerosos, pero más sentidos.

jueves, 27 de julio de 2017

25 años B92


25 de Julio 2017, mientras me peleaba con los números en el ordenador, me entra un sms en el movil: "Hola Fredi! solo para saludar y decirte que me acuerdo mucho de B92, de nuestros juegos y campaña olímpica, de nuestro equipo. Hace hoy 25 años!!! abrazo fuerte". Contesté aprovechando la emoción de dejar por un rato el trabajo envuelto en buenos recuerdos.
El día anterior me llegó una carta con una invitación para la recepción de la conmemoración del 25 aniversario de los juegos de B92 en el palacio Albéniz. Pensaba que sería un acto cercano e intimo y tampoco auguraba, que siendo día de semana, vinieran muchos deportistas. "Puede ser divertido", pensé y aposté por ir.
A las 19:30 llegaba con mi scoopy al parking del Palacio Nacional donde se ubica el MNAC. En su parte posterior se sitúa una de las entradas al palacio Albéniz. Allí era donde debíamos acreditarnos. Vestido de sport: pantalón blanco y camisa roja de cuadros, tuve el atrevimiento de sacar de su funda la chaqueta que 25 años antes lucí en la inauguración de los juegos olímpicos para ponérmela de nuevo. Las nubes cubrían por momentos todo el cielo refrescando la tarde con lo que la chaqueta, azul con el escudo del COE, no molestaba.
En la mesa de acreditaciones coincidí con una exdeportista, más tarde me dijo su nombre: Ana Godés. Le pregunté si le importaba que fuéramos juntos hasta el palacete. Con paso tranquilo subimos por un camino asfaltado entre magnolios, llegando a una explanada de exquisitos jardines con fuentes y estantes. La vista del palauet desde aquí es espectacular, una planta sencilla y sobria de estilo afrancesado sobre una amplia fuente que desemboca con un inmenso caudal de agua sobre los jardines. En los extremos de la fuente dos amplias escalinatas curvadas salvan la altura desde los jardines al Palauet. Se construyó en la exposición del 1929 como residencia de los reyes y tras la exposición iba a ser museo de la música, de ahí su nombre.
Nuestra conversación entre pasos tranquilos nos hacía trasladarnos más a las palabras y a la mirada mutua que a los jardines. Ana me contaba sobre la emoción que sintió después de una espera larga en el túnel de acceso al estadio olímpico para finalmente emerger en saltos y gritos entre un público pletórico. Mis recuerdos corroboraron su emoción. Yo rememoraba la larga espera en el estadio Sant Jordi, donde pudimos saludar a muchos deportistas. Ana participó en Ping Pong, o debería decir tenis de mesa. Le pregunté si se seguía dedicando a ello o si su trabajo giraba en torno al deporte. Me explicó que era diseñadora de joyas: Desmontaba lentes de cámaras de fotos u otros objetos antiguos para darles protagonismo como joyas. Me enseñó entonces su colgante formado por un gran lente ovalada montada en el interior de un doble aro metálico plateado sencillo. "Antes la lente observaba y ahora es ella la que observa" me dijo mientras acariciaba la lente con su mano, una metáfora inversa de lo que ahora somos nosotros.
Llegamos a uno de los laterales del palacete donde los deportistas que iban llegando se situaban en la escalinata. En frente un batallón de cámaras nos apuntaban.
No fuimos los últimos, entre conversaciones iban llegando más deportistas. Se situó a mi lado una deportista paralímpica ciega acompañada por una preciosa perra pastor alemán. Estuvimos hablando un buen rato. Participó en los 100 m. lisos. Me decía que seguía corriendo una o dos veces por semana. Era dicharachera. Pude ver a Epi, casí no lo reconocí. También estaba Cayetano, hijo de la duquesa de Alba, no pude reconocer a muchos más. Al rato llegaron detrás de donde yo estaba un grupo de "chicas" altas,"Está claro que sois de basquet" les dije, eran realmente simpáticas. Una de ellas decía que se acordaba de mí, "Tu eras de vela no?". Les conté una anécdota que pasé con el equipo cubano de basquet y ellas me contaron unas cuantas más. Mientras hablaba con ellas, llego Natalia Via Dufresne, ahora ya éramos un trío de representantes de la vela en el 92. Desde donde estába podía atisbar a través de una puerta abierta el majestuoso interior del palacio donde se situaban en fila las "autoridades" mientras el rey, que pude observar de espaldas, iba saludando a cada uno de ellos. Al rato llegó Pascual Maragall con su mujer acercándose a la escalinata exterior donde estábamos los exolímpicos. Sonaron fuertes y largos nuestros aplausos emocionándonos más a nosotros que a él. Entre deportistas olímpicos y paralímpicos  no sumábamos más de 100 o 150. Al rato todas las autoridades salieron del Palacete y se situaron en la parte baja de la escalinata donde estábamos los deportistas para la foto: el Rey, la Alcaldesa, el President, el Presidente del Comite Olimpico Internacional, ah, también un jovial Pedro Sanchez, y representantes de partidos, delegados, etc.
De aquí bajamos las escalinatas y fuimos a la parte posterior del Palauet desde donde se puede contemplar toda la ciudad. 4 mástiles con banderas y un pequeño podium para las autoridades desde el cual leyeron sus discursos, no demasiado largos, de fondo: la ciudad. Algunas frases de los discursos me hicieron recordar parte de nuestra historia reciente y olvidada: reunificación de las Alemanias, la perestroika, y el golpe de estado en Rusia, la guerra de yugoslavia, la guerra del golfo, la participación olímpica de cuba... Durante aquellos años tener al Príncipe como tripulante era vivir la política como una variable más que afectaba a nuestra preparación. Pensé también en la fortuna de haber vivido los únicos juegos olímpicos en la historia, donde la vela estaba en la villa olímpica. Muchas, muchas anécdotas desordenadas pasaban por mi mente entre frases de los discursos. El Rey Felipe, cerró la tanda, empezó en catalán y acabó en castellano. En los párrafos finales de su discurso vistió sus palabras con la misma chaqueta que yo llevaba puesta recordando la entrada en el estadio, era el mismo recuerdo que Ana, poco antes, me describía mientras atravesábamos  los jardines de Joan Maragall de camino al palacete. Esas ultimas frases del discurso no fueron de Rey, fueron del Felipe tripulante, que vivió sin duda, como la mayoría de los que allí estábamos, uno de los periodos más emocionantes e intensos de su vida.
Cerró el acto un poema de un voluntario al son de la música de 4 instrumentos. Detrás de él, una gran pantalla mostraba en imágenes que la delicadeza con la que se hizo todo lo que rodeó a la olimpiada de Barcelona 92, haya conseguido el milagro de mantenerse elegante, bello y actual. Epi, recogió la antorcha olímpica de manos del Rey para llevarla con otros deportistas hasta la plaza Catalunya.
Entre exquisitos canapés, pude abrazar y hablar un buen rato al que conocí como Alteza, aprendí a llamar Felipe, y ahora ya no sabré llamar Majestad. Con él, el tiempo siempre es escaso, y las palabras se atropellan cuando el corazón y la cabeza quieren hablar a la vez. Natalia, me recordó que en el bolsillo de mi chaqueta había traído algo para él. "Esto es para ti. Estuve a punto de llevarla al Museo Olímpico, pero pensé que hoy era su oportunidad" le dije mientras del bolsillo derecho de mi "ilustre americana" saqué la gorra que coronó su cabeza durante los entrenos y regatas de los juegos olímpicos del 92. Tras los juegos, olvidada en el Soling acabó en mis manos.
No se lo podía creer!
Tardó poco en irse, las nubes se mostraban amenazantes para una noche con promesa de rumbas, poco más abajo en el teatro Grec. Una lluvia intensa puso final, a las rumbas que sonaban moviendo el alma a ritmo de corazón. Final a otro 25 de Julio, 25 aniversario de los XXV juegos olimpicos.

Antes de dormir, como a un niño al que acaban de contar un cuento, sentí la satisfacción de saber que los recuerdos pueden construir nuevas y bonitas historias.

jueves, 22 de junio de 2017

Enhorabuena Spanish Impulse!


Domingo, principios de Abril, 9 de la noche, hace dos meses y medio, estaba en el gimnasio del BISC en el Forum de Barcelona terminando una serie de ejercicios para fortalecer los músculos de la cadera. En esto, en medio de mi silencio, sentí cierto "barullo" en la planta baja y al rato entraron en el gimnasio: Era parte del equipo del SPANISH IMPULSE, que acaba de llegar del aeropuerto tras su primer entrenamiento en las Bermudas. Hacían noche en el BISC para ir al día siguiente a sus destinos.
A Jordi Xammar, patrón del equipo, ya lo conocía de su anterior campaña olímpica en 470, a los demás de  vista, porque han estado entrenando en el BISC en varias ocasiones. Entraron alegres, con energía, y yo, que quería achicharrarlos a preguntas, apenas pude preguntarles cuatro cosas sobre el barco, pero antes de irme y dejarlos allí haciendo sus competiciones de levantamientos de pesas, les pedí ésta "selfie", para enviársela a Mar de Ros.
Mar ha sido la provocadora, la instigadora de este gran reto, de este gran proyecto, el SPANISH IMPULSE. Sexto en la final, haciendo lo que parecía imposible con un equipo con muy escasos recursos. (el que menos de calle)

Esa noche en el gimnasio, viendo a estos cuatro personajes llenos de energía, sentí una envidia infinita. envidia por el reto, envidia por sentir un gran equipo, envidia por sentir energía, humor y buen rollo, envidia de juventud, envidia por darlo todo en algo. Sentí ese aurea que es magia pura y que sucede pocas veces en la vida.

Ayer y hoy, vi las regatas de la final, se habían clasificado meritoriamente en la fase previa, y en estas 6 regatas de la final, 3 cada día, han navegado bien; han estado sólidos en todas las regatas, incluso yendo últimos en alguna regata han luchado como "gallos" para mejorar. Les ha penalizado sin duda, en todas las regatas, la falta de velocidad respecto a sus contrincantes. Pero culminar con un sexto a un punto del quinto es una pasada!

Mar ha involucrado a muchos con poquitos. Y eso es un arte tan difícil como navegar.
Ha sabido llevar adelante un proyecto "top" con recursos escasos,
Ha sabido formar y mantener un gran equipo,
Ha sabido darles confianza y estar en todas las facetas del proyecto, aportando optimismo, confianza y sabiduría.
y ha sabido llenar de pasión un espacio vacío hasta hoy.

Enhorabuena Gallos!, enhorabuena Mar! enhorabuena SPANISH IMPULSE!


lunes, 10 de abril de 2017

Crónica de una regata a la que no fuí


Escribir sobre lo que no has vivido es fácil cuando el deseo de haber estado pesa más que la ausencia.
Sol, viento y paisaje hacen más apetecible ese anhelo. La competencia y la emoción de los resultados me hacen soñar que quizás podría haber luchado junto a los grandes, porque en la ausencia, el resultado soñado siempre es mejor. 

Fotos que te llegan por whatup, quedadas de grupo en las que te sientes ajeno y con envidia. Un cumpleaños de un master, de los de verdad,  a quien me hubiera gustado cantar con mis atrevidas limitaciones un buen “Happy bithday”. Esas conversaciones insospechadas, impredecibles, insulsas o interesantes que solo surgen en esa “tonta” espera por salir al agua. Y ya tras las intensas regatas,  un buen caldo caliente en las voltes d’en Port Bo con el fragor de mil anécdotas recién vividas, mirando el mar y la playa donde la arena es reemplazada por Lasers endulzados y enfundados.
El descanso con alguna lectura, un paseo, un gintonic acompañado de una buena conversación.

He estado ahí sin estar, he revivido lo que no fue con los retazos del pasado. Veo las clasificaciones en el Whatup, nombre, puesto  y oigo la frase de cada regatista. Siento la alegría de unos, la decepción de otros, la esperanza de la regata de mañana, y oigo pocas disculpas, porque ser master es saber que la disculpa de lo que nos sucede está en nosotros.
Y en el mar, imagino la fuerte Tramontana y el Garbi suave, la bandera negra en el comité haciendo palpitar los corazones, visualizo las enfilaciones: “Sí, esos apartamentos blancos, la torre de la iglesia”, y ya todos metidos en el carrusel de la ceñida del Garbi, donde solo vale acercarse a las Formigas desde un largo bordo amurado a babor por tierra.


No he estado, pero he estado, aunque sé que vosotros llegáis a casa con la piel de la cara quemada y el agradable cansancio de tres días de regalo en vuestras vidas.

domingo, 17 de abril de 2016

Los 4 minutos más importantes



Como echaba de menos este blanco, para llenarlo de todas esas palabras que rovolotean por mi cabeza. Aquí las intento poner en orden, para que así me dejen en paz.

La pasada semana estuvimos regateando la Eurolaser Master Cup, en Calella de Palafrugell, un pueblo de la costa brava que no has de morir sin conocer. Si además tienes la oportunidad de hacer una regata saliendo desde sus playas, con 130 barcos, tripulados por expertos señores y señoras del mar, si además te acompañan días de sol y viento, si además el comité está ágil y hace lo que los regatistas demandan, si además el trato en tierra es afable e inmejorable…,  y si además pisas la arena mientras aparejas tu laser metido en un auténtico cuadro… entonces no querrás morir, para poder volver!

Regateé en la clase Laser master standar, un gran nivel de españoles y extranjeros, soplaron vientos propicios para todos, 10 a 15 nudos, con regatas abiertas hasta la línea de llegada.
Ganó Carlos Martinez, un gran regatista de Murcia, hecho en la Manga del Mar Menor, un paraíso para la vela. Carlos es tranquilo, no es especialmente hablador, pero sabe sintetizar en sus frases escenas de la regata que merece la pena dejarlas selladas en tinta, sus frases suelen ser clarificadoras.
Tras acabar la regata, ya ganador, esperando la entrega de premios y hablando de lo acontecido, íbamos desgajando momentos de la regata, situaciones, material, etc.
En esa conversación glorificábamos y alabábamos sus salidas, ya que en todas ellas supo posicionarse siempre entre los primeros, al poco rato de salir. Tras oír nuestras alabanzas dijo:

"Para mi los 4 primeros minutos de la regata son los más importantes, son los minutos donde te has de dejar la piel, donde has de estar a 100 en todo, y sobre todo físicamente dejarlo todo"

Si, posiblemente todos lo hacemos, pero él, en ese momento lo verbalizó, y verbalizar lo que uno hace multiplica los efectos.
Sin duda esos minutos tras la salida son los más importantes, colgar un poco más puede hacerte aguantar una mala posición, hacer la mejor virada te puede colocar libre, concentrarte sin dejar una neurona libre puede darte la inspiración que necesitas, estar atentos viendo con los oídos, puede darte segundos de ventaja en una decisión… Sí, tras esos cuatro minutos, las figuras quedan colocadas en el tablero y ya sabes donde estarás peleando el resto de la ceñida.
La salida es importante, pero esos cuatro minutos posteriores has de navegarlos a muerte! dejarte el alma! ya descansarás una vez colocado, ya te relajaras una vez situado, pero esos cuatro minutos deben ser los más agotadores de toda la regata. Los que te van a dar más renta, será el esfuerzo más productivo. Ahora los sabes y tendrás que colgar más, mucho más, al menos en los 4 minutos tras la salida de la regata, porque la vida está llena de muchos "4 minutos"
Enhorabuena Carlos! Gracias por enseñarnos!

lunes, 4 de mayo de 2015

La gran bola verde- The big green ball


El viernes pasado, 1 de mayo, conseguí escaparme a navegar al mediodía.

Hacía un buen rato que ya habían regresado dos Laser y unos catamaranes "clase A".
Tocaba salir solo. Soplaban unos 18 nudos de Garbí. Apenas traspasado el espigón del Fórum empezaba el baile, Las olas se toreaban incómodas en ceñida amurado a estribor, y el viento ponía a prueba piernas y abdominales.
 "- Haré una larga "ceñidita" hasta el hotel Vela y una buena popa de vuelta" (unos 10 km. en total).
Poco después me perseguía una "golondrina" vacía de turistas, quizás por el tiempo nublado, ventoso y un poco desapacible, y en apenas dos minutos cruzaba mi proa dejándome un par de grandes olas a modo de tobogán. Al mismo tiempo un crucerito, de unos 35 pies, intentaba con dificultad izar velas para cambiar el ruido del motor por el flameo de las velas. No pasé lejos de él. La ceñida resultaba interesante.
Ya debía estar como a unos 700 m. del espigón del Fórum y por mi cabeza pasaban flashes: Tenía pendiente llamar a mi padre para felicitarle por su aniversario de boda:
 "-¿Que eran ya, ¿54?".
 Pensaba también en el día anterior: Había acompañado a mi mujer a hacer unos recados a la Illa, y aprovechamos para comprar en el Decatlón una pelota de fitnees; creo las denominan fitball. Elegimos una grande de 75 cm. de diámetro para usarla a modo de silla mientras estás delante del ordenador. Esta misma mañana estaba viendo en internet, si era o no realmente terapéutica, y según lo leído era más una moda que otra cosa, pero divertida. Además compramos otra para regalársela, en plan coña, a un amigo que cumplía los 60, y lo celebraba esa misma tarde noche.
 "- Si de pequeño te regalan pelotas pequeñas pues ahora de mayor, toma una grande".

" -Concéntrate Fredi" me dije,
 "- Vale ya de pensar en tus cosas, a colgar y a navegar"

No pasó mucho tiempo, esta vez ya concentrado, cuando de repente a barlovento a unos 200 m. veo venir arrastrada a toda velocidad por el viento algo verde, parecido a una pelota. Sí, sí, era una bola verde y su color se me hacía familiar. Seguí navegando, cerré los ojos pensando que aquella gran bola verde que se parecía cada vez más a la compra del día anterior, era un espejismo.
Pero al volver a abrirlos, aquella pelota era ya una gran bola verde. Parecía venir a mi como un imán. Cada vez estaba mas cerca. No modifiqué ni un ápice mi rumbo... no podía creerlo, empujada por las olas y el viento su rápida trayectoria parecía confluir con mi bordo de ceñida.
Si, sí, venía hacía mí mientras seguía colgando.

Apenas tuve que esforzarme para subirla, fue como un perro que salta hacia su dueño; la gran bola verde entró en mi barco ocupando toda la bañera, solté entonces la escota. Aquella bola era exactamente igual que las dos que ayer habíamos comprado. Observé a mi alrededor,
"- ¿Quizás una broma sofisticada de algún amigo?": nadie, estaba solo,
"- Sin duda ha llegado desde la playa. Pero a quien se le ocurre jugar con semejante pelota en la playa en un día de viento, pero además que coincida en el ancho mar su trayectoria con la mía…"
Del pensamiento banal pasé al pensamiento metafísico.
" - Será que Dios quiere decirme algo. Esto no es una casualidad, esto es un puto milagro. Me lo cuentan y no me lo creo"

Allí estaba yo sentado con 18 nudos y preguntándome que coño hacía allí con una gran pelota verde ocupando toda mi bañera.
 "- La he de desinflar y llevármela, sino no me creerá nadie".
Así lo hice, no fue complicado, la doblé y enrollé y la metí entre el cabo de las cinchas para que en caso de una volcada no la perdiera.
El resto de la navegada fue preciosa y perfecta, aunque no faltaban preguntas en mi cabeza sobre el significado de lo que me había sucedido.

Esta historia la conté esa tarde - noche en la fiesta de cumpleaños varias veces, y al acabar de contarla les decía:
 "- Es mentira, pero a que es una historia bonita"
Mis oyentes se quedaban perplejos y desconcertados.
 " - Entonces ¿es mentira.?"
 y yo remataba diciéndoles:
 " -Pero vosotros creéis que sería capaz de inventarme una historia tan inverosímil y preciosa. Es verdad".
Fuera verdad o mentira la historia de la gran bola verde ya estaba en sus cabezas.

Mientras tanto yo aun estoy pensando sobre el significado de esta increíble mentira que podría ser una preciosa verdad, o de esta increíble verdad que podría ser una bonita mentira.

oh Dios, ahora lo entiendo. Las grandes verdades siempre son increíbles.